miércoles, 26 de febrero de 2014

Noticias - The Pink Floyd Exhibition – Their Mortal Remains





A fecha del 12/10/2014, por problemas de adecuación del espacio donde se iba a estrenar esta exposición, el evento se ha cancelado. A continuación, la entrada original con la información de... lo que no fue...

La máquina de Pink Floyd no para. Ahora es el turno de la exposición que por nombre llevará “The Pink Floyd Exhibition – Their Mortal Remains”. El estreno será en Milán, en La Fabbrica Del Vapore, pero habrá que esperar hasta el día 19 de septiembre. La exposición multimedia, en un espacio gigantesco, abarcará desde sus inicios con el tal Syd Barrett, hasta hoy en día, e incluirá más de trescientos artefactos en un espacio de  Muy a tener en cuenta es que Gilmour, Waters y Mason han participado en su creación, y a los mandos está Aubrey “Po” Powell, de Hipgnosis, que ha calificado el proyecto de “sueño y pesadilla” de realizar. En él se incluirán objetos como una escultura de veinte metros del muro, animalillos y demás objetos inflables de hasta cinco metros, sin que falte nuestro porquete volante favorito. El objetivo es conseguir el efecto de la banda en directo, “nunca se sabe qué viene a continuación”. Esperemos que valga la pena los quince euros que costará, y que estarán a la venta desde el 27 de febrero…

Y sobre todo, esperemos que los organizadores, promotores y los demás etcéteras se acuerden de el otro lado del Atlántico, que también existe.


Allá va el nada revelador 'avance' de la exposición.


Oink, oink!
Como curiosidad:

¿Y esto de los cerdos que vuelan y Pink Floyd qué es?
Se trata de una expresión idiomática inglesa que significa "¡NUNCA!", ni más ni menos. En España, decimos “cuando las ranas críen pelo”, por ejemplo. ¿Os imagináis ranas greñudas en un show de Pink Floyd? Nosotros casi.

martes, 25 de febrero de 2014

Vídeo - Tinto Brass y (¡casi!) Pink Foyd


Con el Corazón en la Garganta nos hemos quedado. Tantos años y ningún fan de Syd Barrett y/o Pink Floyd se había dado cuenta de que hacia el final de Col cuore in gola (1967) del director de cine guarrete Tinto Brass, teníamos imágenes en color de los hechos ocurridos en el Alexandra Palace de Londres. Aquel evento conocido como The 14th Hour Technicolour Dream, acaecido en un 29 de abril de 1967 reunió a la flor y nata de la música pop y rock del momento. El evento fue recogido en blanco y negro en el documental Tonite Lets All Make Love in London (1967) de Peter Whitehead. Entre ellos estaba Syd Barrett y sus Pink Floyd. Nos referimos al evento, pero no a los Floyds en el escenario, que aún sin The Piper at the Gates of Dawn en las tiendas, tocaron entre otras "Astronomy Domine", "Arnold Layne", "Interstellar Overdrive", "Nick's Boogie". De esto ya hablamos hace un tiempo en su aniversario.

Por allí andaba Tinto Brass rodando Con el Corazón en la Garganta (Col cuore in gola, 1967), pero en color. Otro que no captó a Pink Floyd en el escenario. Aún hay esperanza; Julián Palacios, autor de la mejor biografía de Syd Barrett, Dark Globe, nos comenta que lo que aparece en la película, son unos minutos del total de una hora, que el italiano filmó... ¿Estarán en esos minutos Syd y su Fender de espejos tocando con su banda?

Pink Floyd allí y entonces
Aquí va la palícula al completo, con la que podrás mejorar tu italiano y/o ver la que montaron allí durante catorde horas. En 1h 25m sale el Alexandra Palace y aquel fiestón.


Por si no has visto Tonite Lets All Make Love in London, aquí tienes la oportunidad:


Gracias a Ewgeni Reingold, compilador de Wondering and Dreaming (el DVD de TODO el material de Syd Barrett, que podrás descargar AQUÍ) por tener las antenas bien puestas y encontrar el material...

Una cosa sí que tenemos claro de todo esto:
"Vietnam es  un mal viaje"

Más acerca de esto, aquí.

Alexandra Palace... imaginaos...

jueves, 20 de febrero de 2014

Dos Años Sin Kevin Ayers


Artículo original aparecido en Achtung!

El Adiós de Kevin Ayers



En la infinidad de recovecos que la música encuentra en el alma, Kevin Ayers ocupa un lugar especial para muchos. Kevin está entre el selecto grupo de músicos que sin éxitos comerciales relevantes (las cifras, las inútiles cifras) ocupa un puesto de honor en el olimpo de la música popular contemporánea. El secreto era que Kevin tocaba lo que le gustaba. De ahí que jamás consideró otra profesión que no fuera la de músico. También está aquella rotunda afirmación “No puedo componer a menos que esté enamorado. Siempre ha sido así. Si no estoy enamorado, nada tiene sentido. Me falta la energía”.

Aunque nacido en Inglaterra (1944, Herne Bay, Kent) vivió hasta los doce años en Malasia, donde el clima y la vida marcó su personalidad. De vuelta a Inglaterra, allá en Canterbury formó dos bandas; The Wilde Flowers (que sería el comienzo de la banda Caravan) y The Soft Machine, que con el permiso directo de William S. Burroughs para usar el nombre de su novela… ¡Qué tiempos aquellos! Junto con Pink Floyd, serían las dos bandas principales del underground londinense. El legado de Ayers en Soft Machine es su primer álbum homónimo y un par de singles. Tardó poco en dejar la banda, eso sí, amistosamente. Fue tras una agotadora gira con Jimi Hendrix por los EEUU cuando Kevin dijo adiós al grupo y se refugió en Ibiza donde empezó a componer para sí mismo, nunca mejor dicho. La ruptura con la banda estaba justificada, ya que las composiciones de Ayers resultaron ser mucho más accesibles que el jazz psicodélico de The Soft Machine. Así, Joy Of A Toy (1968) resultó ser una maravilla que conjugaba pop, folk, psicodelia y algo de The Soft Machine, con ellos mismos merodeando con sus instrumentos en el estudio de grabación. “Girl On A Swing” y “Stop This Train (again Doing It)” son los dos extremos de este brillantísimo debut, que es ni más ni menos que una obra maestra, sencilla y sin aspavientos. Aquí se puede encontrar la esencia del sonido Kevin Ayers: juegos de palabras, optimismo, ironía, una astucia elegantísima y también una manera de enfrentarse a las canciones de manera despreocupada que paradójicamente, sería un sello de identidad, de ahí el laconismo de “May I?” (Shooting at the Moon, de 1970) el atrevimiento repentino en una cafetería que le dio a Kevin la fama de dandy.

The Soft Machine con el tal Jimi Hendrix
Le seguirían más obras brillantes, alejado de la atención de la industria discográfica. Su discografía es, para algunos irregular, para otros “hasta los discos malos de Kevin Ayers son buenos”. Su voz de barítono mágica y tranquila, el folk psicodélico, rock, pop, vaudeville y todo lo que se le pasara por la cabeza y el corazón inundan una veintena larga de discos. Shooting At The Moon, Whatevershebringswesing, Yes, We Have No Mañanas son algunos ejemplos de la brillantez creativa del que se convirtió en mucho más que un ex-Soft Machine. Por eso músicos de varias generaciones rinden pleitesía su obra. El elenco de artistas que colaboraron con Ayers es asombroso: Elton John, Brian Eno, Andy Summers, Mike Oldfield, Syd Barrett… Algo debería tener el de Kent para atraer a tantos y tan variados. Hubo más: The Ladybug Transistor, Teenage Fanclub, Neutral Milk Hotel, Gorky’s Zygotic Mynci, por nombrar sólo a aquellos que colaboraron en el maravilloso The Unfairground (2007). Quince años de espera que merecieron la pena. Este trabajo se tornó la semana pasada en el último de su vida.


Hará dos años que se le intentó entrevistar para Solo En Las Nubes, por su conexión con Syd Barrett. Su manager, amablemente nos informó de que no podía dar entrevistas, que estaba alejado del mundo de la música. Sonaba a eufemismo. De todos modos, poco imaginaríamos que a los 68 años nos dejara Kevin Ayers así, tras una vida ociosa, nada exenta de excesos, entre Ibiza, Mallorca y Francia. Una vida ociosa, pero repleta de grandes canciones. Junto a su cama en su casa de Montolieu, una romántica nota manuscrita desafortunada decía “no se puede brillar sin arder”. Desafortunada, porque lo dejó escrito un artista que brillaba por sí solo con sólo hacer sonar su voz y su guitarra.

A este músico único, genio, tranquilo, elegante, loco, superficial, surreal y profundo, Julián Palacios, pintor, músico, autor de la mejor biografía que hay de Syd Barrett, le ha dedicado un epitafio sin igual:

Kevin Ayers descorchó su última botella y partió por mar a la gran Deià celestial. Un músico que nunca se tomó la música, la vida, ni nada demasiado en serio, disfrutando a cada segundo que pasaba. El trovador tranquilo; de pausadas entregas, de guitarras junto al río en verano… Ayers jamás hizo nada para llamar tu atención. Simplemente esperó a que pasaras y te unieras. Grande entre los más grandes. 

Como el arpa de la Rima VII de Becquer, así quedarán su guitarra y su bajo.

con la La oda a Syd Barrett:


¿Quieres un recopilatorio de Kevin Ayers? Pues aquí está.
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